Saramago y Dios. Ensayo de Patricia Adrianzén
- Ediciones Verbo Vivo- Patricia Adrianzén
- 2 mar
- 1 min de lectura
Actualizado: 4 mar
Entre la lucidez y la ceguera. Algunas reflexiones a propósito de las novelas “Caín” y “El evangelio según Jesucristo” de José Saramago.
“Como todo, las palabras tienen sus qués, sus cómos, sus porqués. Algunas, solemnes, nos interpretan con aire pomposo, dándose importancia, como si estuviesen destinadas a grandes cosas y, ya se verá más tarde, no son más que una brisa leve que no conseguirá mover un aspa de molino, otras, de las más comunes, de las habituales, de las de todos los días, acabarán teniendo consecuencias que nadie se atreverá a pronosticar, no habían nacido para eso y, sin embargo, sacudieron el mundo”. (José Saramago, Caín, p. 38)
Como bien describe en este párrafo extraído de la novela Caín, José Saramago postula que las palabras tienen un gran poder. Como escritora, no solamente creo en la belleza de las palabras sino en el poder que éstas tienen para comunicar y producir impresiones profundas en el ser humano. Saramago va más allá y afirma que las palabras pueden “sacudir el mundo”. Quien escribe es consciente que su propuesta evocará una respuesta en el lector. José Saramago una de las mentes más brillantes de nuestros tiempos, a sus 86 años hizo entrega de una nueva novela con una clara intención anti religiosa. Casi veinte años después de su Evangelio según Jesucristo, el premio Nobel de literatura, confiesa haber escrito Caín en casi cuatro meses porque: “Estaba en una especie de trance. Nunca me había sucedido por lo menos con esta intensidad con esta fuerza”. Leer artículo completo aquí.




Comentarios